Altas capacidades y neurodivergencia: cómo identificar y acompañar a niños doblemente excepcionales
Algunos niños destacan por su inteligencia brillante y, al mismo tiempo, enfrentan desafíos como dislexia, TDAH o autismo. Esta combinación, conocida como doble excepcionalidad, suele pasar desapercibida en el entorno escolar y familiar. En este artículo exploramos cómo identificar a los niños 2e, qué señales pueden alertar a las familias y qué estrategias permiten acompañarlos con comprensión y sin perder de vista su enorme potencial. Una guía práctica para descubrir, respetar y potenciar la neurodiversidad en su forma más compleja y rica.

Cada vez más familias, docentes y profesionales se enfrentan a un desafío complejo y poco conocido: el de los niños y niñas con altas capacidades intelectuales que, al mismo tiempo, presentan algún tipo de neurodivergencia, como TDAH, dislexia, autismo o trastornos del procesamiento sensorial. A este perfil se le conoce como doblemente excepcional o 2e (twice-exceptional).
Se trata de menores que destacan por su elevado potencial intelectual, pero también por experimentar barreras reales para el aprendizaje, la comunicación o la autorregulación. Su identificación y acompañamiento requieren una mirada especializada, flexible y profundamente humana.
Qué significa ser doblemente excepcional
Un niño doblemente excepcional es aquel que combina altas capacidades con alguna dificultad del neurodesarrollo. Esto no implica una contradicción, sino una realidad compleja: el talento y la vulnerabilidad pueden coexistir en la misma persona.
Por ejemplo, un niño con gran capacidad lógica y pensamiento abstracto puede tener dislexia y presentar grandes dificultades al leer. O una niña con creatividad desbordante puede tener autismo y necesitar apoyos específicos para entender las normas sociales.
Estas combinaciones hacen que muchas veces sus necesidades pasen desapercibidas: su talento enmascara sus dificultades, y sus dificultades ocultan su talento.
Cómo detectar a un niño 2e
El principal reto está en que los perfiles 2e suelen romper los esquemas tradicionales de evaluación. Muchos niños con estas características pasan años sin diagnóstico o son malinterpretados: como brillantes pero perezosos, desmotivados, rebeldes o emocionalmente inestables.
Algunas señales que pueden indicar un perfil 2e:
- Altísima curiosidad y profundidad de pensamiento, junto con bajo rendimiento académico.
- Gran creatividad o sentido del humor, pero problemas de autorregulación emocional.
- Hiperfoco en temas de interés, combinado con distracción en el aula.
- Lenguaje avanzado o vocabulario rico, pero dificultades de escritura o lectura.
- Baja tolerancia a la frustración, perfeccionismo y tendencia a la autocrítica.
- Rechazo a normas poco flexibles o ambientes estructurados.
Para identificar adecuadamente a estos niños, se requiere una evaluación psicopedagógica multidimensional, que analice tanto sus capacidades cognitivas como su funcionamiento emocional, sensorial y ejecutivo.
El impacto de no ser reconocidos
Muchos niños doblemente excepcionales se sienten “fuera de lugar” desde muy pequeños. No encajan ni en los programas para altas capacidades —por sus dificultades— ni en los apoyos para dificultades específicas —por sus fortalezas.
Según un estudio del Centro Nacional de Investigación sobre Dotados y Talentosos (NRCGT), hasta un 45 % de los estudiantes con altas capacidades que abandonan prematuramente el sistema educativo presentan algún tipo de neurodivergencia no identificada o inadecuadamente atendida.
Esto puede generar:
- Ansiedad, desmotivación y frustración.
- Aislamiento social o rechazo escolar.
- Sentimientos de inutilidad, vergüenza o baja autoestima.
- Bajo rendimiento académico crónico a pesar del potencial.
- Comportamientos desafiantes o retraimiento emocional.
La psicóloga Linda Silverman, experta en doble excepcionalidad, resume esta paradoja con claridad: “Estos niños no solo sufren por sus dificultades, sino por la confusión de tener simultáneamente grandes fortalezas que les hacen conscientes de sus propias limitaciones”.
Cómo acompañar a un niño con doble excepcionalidad
Acompañar a un niño 2e es un proceso que requiere comprensión, paciencia y flexibilidad. Algunas claves fundamentales:
1. Aceptar la complejidad
Estos niños no encajan en etiquetas simples. Es fundamental reconocer que sus talentos y desafíos forman parte de un mismo perfil, y que ninguno anula al otro.
2. Adaptar sin limitar
Ofrecer apoyos específicos para sus dificultades sin frenar su potencial. Por ejemplo: facilitar el acceso a tecnologías para lectura, pero mantener estímulos intelectuales elevados.
3. Fomentar la autoaceptación
Ayudarles a comprender su forma única de ser, sentir y aprender. El mensaje clave es: “No estás roto, solo funcionas distinto. Y eso también es valioso”.
4. Colaborar familia–escuela–profesionales
El trabajo conjunto entre todos los entornos del niño es esencial. Compartir observaciones, ajustar expectativas y trabajar con objetivos comunes mejora exponencialmente el bienestar del menor.
5. Ofrecer retos que motiven
El aburrimiento es un factor de riesgo para estos perfiles. Es necesario ofrecer retos intelectuales alineados con sus intereses, evitando tareas repetitivas o sin sentido.
¿Y si aún no hay diagnóstico?
Muchos padres y madres sospechan que su hijo o hija puede tener altas capacidades y, a la vez, alguna dificultad de aprendizaje o socialización, pero no tienen un diagnóstico formal.
En estos casos:
- Observa con atención cómo responde a distintos entornos (colegio, casa, actividades).
- Habla con el centro educativo para explorar una evaluación conjunta.
- Consulta con profesionales especializados en altas capacidades y neurodivergencia.
- No esperes al diagnóstico para comenzar a adaptar: el acompañamiento puede empezar ya.
Una mirada que abrace el todo
Los niños doblemente excepcionales nos invitan a abandonar la visión lineal del desarrollo. No son “altamente dotados con algo que falla”, ni “niños con dificultades que también tienen cosas buenas”. Son personas completas, con una forma única de percibir, aprender y estar en el mundo.
El psicólogo Scott Barry Kaufman, que fue diagnosticado como doblemente excepcional, propone un cambio de paradigma: “Necesitamos pasar de una visión de la inteligencia como algo fijo y unidimensional a entenderla como un proceso dinámico, diverso y en constante desarrollo”.
Reconocer y respetar esa singularidad es clave para ofrecerles no solo recursos, sino también pertenencia, confianza y posibilidad de crecimiento.
Conclusión
La doble excepcionalidad es una realidad cada vez más visible. Detectarla a tiempo y abordarla con comprensión puede evitar años de frustración y permitir que estos niños brillen con luz propia, sin tener que esconder sus dificultades ni justificar su talento.
Apostar por una educación verdaderamente inclusiva es reconocer que hay muchas formas válidas de ser inteligente, de aprender y de crecer. Y que, en esa diversidad, también hay lugar para quienes son doblemente extraordinarios.
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