La importancia del juego en el desarrollo de habilidades sociales en niños con TEA
El juego es una actividad esencial en el desarrollo de cualquier niño, pero cobra un valor especialmente significativo en el caso de los niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA). Para ellos, el juego no solo es una fuente de disfrute: es una herramienta terapéutica poderosa para fomentar la comunicación, la interacción social, la empatía y la flexibilidad cognitiva.

A través del juego, los niños con TEA pueden explorar el mundo social a su ritmo, en un entorno estructurado, predecible y emocionalmente seguro. Este artículo explora por qué el juego es tan valioso, qué tipos de juego promueven mejor las habilidades sociales y cómo familias y profesionales pueden fomentar este tipo de experiencias de forma positiva y accesible.
¿Por qué el juego es clave en el desarrollo social de los niños con TEA?
Los niños con TEA suelen presentar patrones de juego repetitivo, dificultad para compartir intereses o limitaciones en el juego simbólico. Esto no implica una falta de interés social, sino una forma distinta de relacionarse con el entorno y con los demás. Con el apoyo adecuado, el juego puede transformarse en un espacio de conexión genuina.
“El juego estructurado y guiado puede ser una puerta de entrada al mundo social para un niño con autismo. A través del juego, es posible trabajar la mirada conjunta, el turno de palabra, la imitación y el reconocimiento emocional”, explica Neus Marí, psicóloga y directora terapéutica de Xtraordinary People.
Los estudios coinciden en que, frente al aprendizaje formal, el juego ofrece un entorno motivador donde los niños con TEA pueden practicar habilidades sociales sin presión, aumentando así la implicación, la confianza y la retención del aprendizaje.
Tipos de juego que favorecen el desarrollo social
- Juego simbólico
Permite representar situaciones de la vida cotidiana (como ir a la compra o preparar la comida). Favorece la comprensión de roles sociales, el lenguaje y la teoría de la mente. - Juegos por turnos
Desde lanzar una pelota hasta juegos de mesa sencillos, estas actividades enseñan espera, reciprocidad y autorregulación. - Juegos cooperativos
Actividades como construir juntos una torre o completar un circuito fomentan la colaboración y la comunicación funcional. - Juegos sensoriales compartidos
Experiencias con agua, arena o plastilina permiten la interacción relajada sin exigencias verbales, creando vínculos a través del disfrute sensorial. - Juegos de reglas simples
'El escondite' o el 'pilla-pilla' ayudan a entender normas sociales, turnos y control de impulsos de forma natural y divertida.
Cómo fomentar el juego social en casa o en el aula
- Observar sus intereses: partir de lo que capta su atención facilita la implicación.
- Invitar sin presionar: ofrecer el juego como una opción abierta y segura.
- Guiar con suavidad: modelar turnos, nombrar emociones y acompañar desde el respeto.
- Adaptar el entorno: reducir estímulos, estructurar el espacio y facilitar apoyos visuales.
- Celebrar los intentos: cada gesto de interacción, por pequeño que sea, merece reconocimiento.
“El juego no tiene que ser perfecto ni continuo. Lo importante es crear oportunidades cotidianas, breves y agradables donde el niño se sienta seguro para interactuar”, afirma Neus Marí.
Conclusión
Fomentar el juego en niños con TEA es mucho más que ofrecer un momento de ocio. Es apostar por su desarrollo emocional, social y comunicativo desde una vía natural, significativa y respetuosa. El juego les permite explorar su entorno, conectar con los demás y desarrollar habilidades que impactarán en su bienestar presente y futuro.
Con paciencia, creatividad y acompañamiento adecuado, el juego puede convertirse en un puente hacia la inclusión real, donde cada niño encuentre su forma de compartir, aprender y ser parte del mundo que le rodea.
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